miércoles, 22 de marzo de 2017

SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

Este próximo sábado, celebraremos la Solemnidad de la Anunciación del Señor, y en la Capilla del Sagrado Descendimiento se celebrará la Santa misa en honor a Nuestra Madre y Señora de la Encarnación. La celebración estará presidida por el Rvdo. D. Ángel Lara Merino (Párroco de San Francisco Solano y Consiliario), dando comienzo a las 20:30 horas, previamente se llevará a cabo el rezo del Santo Rosario.


La Fiesta de la Anunciación del Señor, Dios, con el anuncio del ángel Gabriel y la aceptación de María de la expresa voluntad divina de encarnarse en sus entrañas, asume la naturaleza humana -"compartió en todo nuestra condición humana, menos en el pecado" - para elevarnos como hijos de Dios y hacernos así partícipes de su naturaleza divina. El misterio de fe es tan grande que María, ante este anuncio, se queda como asustada. Gabrile le dice "No temas, María: el Todopoderoso te ha mirado con predilección, te ha escogido como Madre del Salvador del mundo". las iniciativas divinas rompen los débiles razonamientos humanos.


"¡No temas!". Palabras que leeremos frecuentemente en el Evangelio; el mismo Señor las tendrá que repetir a los Apóstoles cuando éstos sientan de cerca la fuerza sobrenatural y también el miedo o el susto ante las obras prodigiosas de Dios. Nos podemos preguntar el porqué de este miedo. ¿Es un miedo malo, un temor irracional? ¡No!; es un temor lógico en aquellos que se ven pequeños y pobres ante Dios, que sienten claramente su flaqueza, la debilidad ante la grandeza divina y experimentan su poquedaz frente a la riqueza del Omnipotente. Es el Papa San León quien se pregunta: "¿Quién no verá en Cristo mismo la propia debilidad?" María, la humilde doncella del pueblo, se ve tan poca cosa... ¡pero en Cristo se siente fuerte y desaparece el miedo!


Entonces comprendemos bien que Dios "ha escogido lo débil del mundo, para confundir lo fuerte". El Señor mira a María viendo la pequeñez de su esclava y obrando en Ella la más grande maravilla de la historia: la Encarnación del Verbo eterno como Cabeza de una renovada humanidad. Qué bien se aplican a María aquellas palabras que Bernanos dijo a la protagonista de la alegría: "Un sentido exquisito de su propia flaqueza la reconfortaba y la consolaba maravillosamente, porque era como si fuera el signo inefable de la presencia de Dios en ella; Dios mismo resplandecía en su corazón".


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