lunes, 9 de octubre de 2017

DÍA PRIMERO DE LA NOVENA A NUESTRA PATRONA.

Por la señal de la Santa Cruz
de nuestros enemigos
líbranos, Señor, Dios nuestro
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, creador y redentor mío por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; propongo firmemente con vuestra divina gracia enmendarme y confesarme, y cumplir la penitencia que fuera impuesta, y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos. Espero en vuestra infinita misericordia, que me habéis de perdonar y salvar, por los méritos de vuestra Pasión santísima. Amén.

ORACIÓN INCIAL PARA EL DÍA PRIMERO

Fidelísima María de la Aurora, dichosa tú porque creíste, mereciendo que obrasen en tu persona sublimes milagros, y misterios. Por ti, divina Aurora, vino al mundo Jesús, autor de nuestra fe, sol de verdad, de justicia y de vida. Tú, divinamente inspirada, tuviste más fe que los profetas, y juntamente con la fe, más esperanza que los patriarcas, más caridad que los serafines, más buenas obras que los ángeles y los santos. Por tus influjos y méritos se ha predicado el Evangelio en todo el mundo, es conocida y adorado lea Beatísima. Yo te suplico, Señora, me alcances gracias con las cuales cumpla todas mis obligaciones y merezca el premio eterno.

PETICIÓN

Ahora se rezará tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre, y después se levanta el corazón haciendo la petición.
Nuestra Señora de la Aurora
Imagen: JOSÉ ANTONIO TRAPERO
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Santísima Virgen María de la Aurora, medicina universal del mundo, remedio de todos los males causados por Eva, salud de los cuerpos y de las almas. Dios te salve, Dios te bendiga extendiendo la gloria de tu nombre por todos los pueblos de la tierra, para que de todas las generaciones seas conocida, amada servida y aclamada; más bendita que todas las mujeres, más esclarecida y perfecta que todas las obras del Altísimo. Dios te salve, reina de los ángeles y de los hombres; emperatriz de los cielos y tierra, madre de Dios y madre de los pecadores. Dios te salve, vida de nuestras almas libertadas de la eterna muerte con la sangre que de tus entrañas tomó Jesús, nuestro corazón, al que dilatas y consuelas con la gracia y paz que le alcanzas del Espíritu Santo. Esperanza de los patriarcas, que de ti habían de recibir su deseado Redentor y esperanza nuestra, pues por tu medio confiamos conseguir los frutos de la copiosa redención. Oye benigna nuestros ruegos. A ti aclamamos los hijos de Eva, desgraciados por su culpa, desterrados del paraíso y sujetos a la enfermedad y la muerte. A ti suplicamos, Madre de la gracia, de la salud y de la vida, remediadora de todos nuestros males, por los que de continuo estamos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea pues, Señora y abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos: compadécete de tantas miserias como nos aflijen en esta vida: dispénsanos abundantes auxilios divinos con los que, libres de todas ellas, caminemos rectamente por las sendas de los santos mandamientos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, de modo que lo veamos, no enojado como merecen nuestras culpas, sino afable y amoroso como puede conseguirlo tu intercesión.
¡Oh clemente! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce Virgen María! ¡Oh María poderosísima de la Aurora! Tu nombre nos recuerda tus eminentes prendas, y nos inflama de tu amor, junto con el amor a Dios, que te ha colmado de las más insignes prerrogativas para gloria suya y bien nuestro.
Intercede por nosotros, Aurora Bella, y serás oída, porque eres digna y santa Madre de Dios. Alcánzanos su bendición y sus gracias, con las que juntemos méritos que nos hagan dignos de conseguir en el cielo las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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